Leya
Por norma, no trabajamos con libros de texto - con excepción de métodos de idiomas, y, sobre pedido, para personas cercanas a la librería. Y esto por muchas razones, entre las cuales destacan el precio libre del libro de texto y la competencia implacable de las grandes superficies, que no dudan en prescindir de su margen de beneficio sobre los libros porque ya la sacarán con creces del material escolar o de los botes de Colón.
De todas formas, estoy acostumbrada a pelearme con los absurdos cotidianos de la distribución de libros y a dar la cara ante clientes asombrados por el hecho de que un libro disponible en la bodega de la editorial pueda tardar semanas en viajar desde, pongamos, Madrid a Bilbao.
Así que sólo me puedo solidarizar con los libreros portugueses, para quien la formación del holding editorial Leya durante este año supuso bastantes problemas de distribución, que llegan a su punto álgido con la campaña de libro de texto. El apartado de distribución a librerías de la web del grupo se encuentra caído, sugiriéndose en él a los libreros que se desplacen personalmente a sus almacenes de Lisboa o Porto, donde parece reinar el sálvese quien pueda. Ahí se espera que los libreros encuentren los libros que necesitan (asumiendo que estos se encuentren ahí) por sus propios medios - según más de un librero, el personal presente ni es amable ni profesional -, y que los acarreen hasta sus establecimientos, toda una odisea en el momento en que más necesitan estar en sus librerías atendiendo a la campaña de libro de texto. El grupo editorial detiene cerca del 30% del mercado de libro de texto, así que hablamos de miles y miles de pedidos pendientes de servir, la pesadilla de cualquier librero.

