The F* word
Muy bien, hablemos de la Fnac.
Es un secreto a voces que no hay profesional del área del libro en Bilbao que no haya dedicado tiempo y sudores fríos a pensar en la próxima apertura de una tienda de la Fnac en Bilbao. Ya tenemos el ejemplo de Donostia, donde las ventas de las librerías locales cayeron visiblemente desde la apertura de la Fnac el año pasado.
Así como la apertura del IKEA supuso un golpe para las innumeras tiendas de decoración de Vizcaya, la apertura del mastodonte de los 5% de descuento garantizado el próximo día 14 de diciembre promete acaparar una buena parte de la muchedumbre que circula por la Gran Vía en búsqueda de regalos de Navidad.
No nos engañemos, las grandes tiendas son prácticas. En ellas se encuentran muchas cosas baratas en un mismo espacio. Y que tire la primera piedra aquel que nunca empujó un carrito de la compra gigante por los pasillos de un hipermercado o nunca tuvo que hacer un sprint por el Corte Inglés para encontrar un regalo de última hora…
Tengo que subrayar que hablo de la Fnac como librería, o, más bien, que hablo del Departamento de Libros de la Fnac. Vendiera yo discos o revistas o cámaras de fotos, hablaría de otros temas, pero estoy a lo que estoy. La Fnac, aparte de ser una enorme empresa, lograr ventas que le permiten obtener condiciones privilegiadas de sus proveedores y de tener una gestión comercial claramente orientada hacía la maximización de las ventas, es también una librería y un espacio de actividades culturales. Es una faena para las pequeñas librerías, pero es así.

Hay que ver el lado positivo de la entrada de este gigante en el mercado local, con el tiempo se convertirá en un punto más, un punto imposible de ignorar, del tejido cultural de la ciudad. Y, sinceramente, creo que Bilbao es suficientemente grande para absorberlo. Un espacio que ofrezca más libros y más actividades culturales contribuye para lo que todos queremos: formar más lectores.
Habrá lectores que puedan encontrar todo lo que necesitan en las grandes superficies. Novedades, best-sellers y libros-regalo pueden constituir un universo de compra suficientemente interesante para muchas personas. Pero las librerías independientes son los garantes de algo en vías de extinción: la diversidad.
Así como hoy en día, un piso en Taiwan puede tener exactamente los mismos muebles que un piso en Santutxu, también las listas de best-sellers del mundo occidental empiezan a ser peligrosamente homogéneas, lo que en sí no sería malo si la tendencia de cadenas de librerías y grandes editoriales no fuera la de apostar exclusivamente por los caballos ganadores.
Hay públicos que tienen intereses particulares, a que responden las pequeñas librerías: oferta bibliográfica coherente sobre temáticas concretas y atención especializada. Así como no tiene sentido buscar en una pequeña librería lo que se encuentra en una grande superficie: espectaculares ofertas y miles y miles de libros amontonados.
Toca a las pequeñas librerías organizarse para hacer frente a lo que se acerca, una vez que nada indica que las condiciones vayan a mejorar. No creo que sea productivo defender una superioridad moral de los pequeños contra los grandes, se trata de afirmar la diferencia de objectivos y forma de trabajar. Al final, en una ciudad donde existan lectores - y espero sinceramente que la Fnac contribuya para formar más lectores, una vez que atrae un publico que generalmente no se acercaría a una librería - hay lugar para librerías.

